De cacería en la Interestatal 78

19 abril, 2016 § Deja un comentario

Este texto participó en el II Concurso de RetroRelatos de RetroManiac, que concluyó en julio de 2015:

Para los compañeros del departamento somos los “locos del volante”. Para nosotros, ellos son unos “chupatintas” miedosos que rehuyen cualquier misión que transcurra más lejos que la cafetería de la comisaría. En el fondo sí tienen parte de razón: para hacer nuestra tarea hay que estar un poco chalado. O quizás muy chalado. Esta es una de tantas conversaciones  habituales entre colegas al calor de una  buena taza de café y una caja de donuts para compartir mientras aguardábamos nuestra siguiente misión.

kartTanto mi “socio”, el oficial Tony Gibson, como yo tenemos la velocidad en las venas. Nuestros padres nos pusieron (casi sin saber andar todavía) a competir en karts que ellos mismos habían fabricado. Pronto estuvimos en la carretera, de pista en pista, aprendiendo a correr y también a arreglar la mecánica de nuestras monturas. Con un taco de madera para llegar al acelerador aún ambos supimos lo que es oír silbar el aire cerca de las barreras de neumáticos donde casi rozaban nuestros cascos tratando de apurar cada centésima.

En cuanto a nuestras trayectorias, Tony tuvo algo más de fortuna: pronto uno de los patrones de la IndyCar (nada menos que Roger Penske) se fijó en él para su equipo y no se equivocó ya que enseguida fue uno de los novatos destacados. Pudo disfrutar de alguna temporada junto a grandes como Mario Andretti, Bobby Rahal o el mismísimo Chip Ganassi. Su compañero en Penske, el legendario Al Unser, le arrebató el título de 1983 por los pelos.

Cuando arrancó la temporada 1984 Tony estaba en la quiniela de los favoritos. Y sus victorias en las primeras tres carreras (Long Beach, Phoenix y la mítica Indy500) así lo confirmaron. Por desgracia, el 3 de junio, sufrió un percance en la Milla de Milwaukee. Su equipo le dejó retomar la marcha tras su parada en boxes sin percatarse de que otro coche se acercaba. Múltiples fracturas y un año de recuperación por delante. A su vuelta, pese a estar en forma, ya nadie le recordaba: la competición de alto nivel es demasiado rápida para esperar tanto.

penske

Por mi parte, apenas pisé un circuito de alta competición y me retiré pronto de las pistas de carreras de derrapes y los “destruction derby” porque, además de perder carreras, perdía dinero, mucho dinero. Gracias a eso pude conocerle en la academia de policía. Tony y yo fuimos enseguida “uña y carne”. Convencidos de que no íbamos a hacer carrera en los circuitos ovales, al menos tendríamos un trabajo donde con un poco de suerte conduciríamos en alguna persecución. Nos graduamos en 1986 y nuestras habilidades al volante no pasaron desapercibidas para los mandos. Solo unos meses después nos incorporamos, como oficiales, a una nueva unidad: el departamento especial de investigación y persecución.

Poner en marcha el departamento no fue sencillo: nos faltaban “herramientas”. De poco o nada servían los Plymouth Volaré asignados al principio por falta de presupuesto. Otros como los Dodge Royal Monaco quedaban muy bien para salir en “Canción Triste de Hill Street” pero no eran útiles para nuestra misión: faltaba potencia, manejabilidad, etc. Realizamos modificaciones a estos coches con la ayuda de un mecánico que Tony “ficho” en Penske, el bueno de Hiroguki Sakou. Pero tampoco servía de mucho: los “malos” escapaban con facilidad de nuestra tortuga.

Así que tuvimos que recurrir a material decomisado de operaciones contra importantes “narcos”. El lujo del que hacen gala incluye coches de alta gama y ahí pusimos nuestro punto de mira. Unas gestiones de nuestro jefe, el capitán J. Amos, y en 1987 pudimos tener nuestro primer vehículo de intercepción en condiciones: un Mazda RX-7 de la segunda generación (un “Savanna” Serie 5 Turbo) Una leyenda de los deportivos japoneses de 200 CV de potencia con el curioso motor giratorio Wankel al que Hiroguki añadió un “extra” en forma de empuje adicional gracias al gas nitroso para algunas ocasiones especiales.

mazda-rx7-savanna-serie5-turbo

Con el Mazda RX-7 logramos convencer a la comisaría que nuestro trabajo era importante: las detenciones de peligrosos delincuentes no tardaron en llegar gracias a nuestra habilidad al volante. Lamentablemente el motor Wankel es muy caro de mantener y nosotros lo exprimíamos más allá de sus límites, con el disgusto consiguiente de Hiroguki. Justo antes de que dijese “basta” nos llegó un soplo con el que íbamos a matar dos pájaros de un tiro. Tras una intensa persecución logramos capturar a un traficante que había ocultado varios kilos de estupefacientes en el depósito de combustible de su deportivo. El maleante acabó en la cárcel, y nosotros en la carretera con un nuevo e imbatible coche: un Porsche 928.

El coche fue una sorpresa, incluso para alguien como Tony que había ido a más de 300 kph en circuitos ovales. Hiroguki exprimió un poco más lo que ya de por si era buen en el : el motor de 5 litros con 8 cilindros en “uve” se acercaba a los 320 CV.

Porsche 928 S4

Con algo menos de peso y un turbocompresor se convirtió en una bestia cuyos neumáticos chirriaban al más mínimo roce con el acelerador. También mejoramos el paragolpes frontal con uno hecho a medida de fibra de carbono para usarlo como ariete. Y no faltó el botón de “empuje extra”.

─ No olvides Ray llenar el depósito en cuanto lleguemos a la comisaría – me espeta Tony –. No vaya a suceder como el mes pasado, cuando se nos escapó aquel ladrón de joyas porque nos quedamos sin galones para el V8.
─ No te preocupes Tony, al coche no le cabe ya ni una gota en el depósito que además es enorme por la modificación que hizo el traficante para su “mercancía”. Y, por cierto Tony, te tengo dicho que no me llames Ray, que luego los compañeros se burlan comparándome con Ray Charles… que era ciego.
─ Merecido lo tienes Raymond Broady: en tus turnos hay veces que pienso por tu forma de conducir que realmente no ves nada, en especial cuando te subes a la acera y empiezan a salir volando cubos de basura por los aires.
─ Siempre quejándote Tony, pero hasta ahora el golpe más fuerte se lo diste tú al Porsche y fue aparcando en Wallmart… ja, ja, ja, ja…
─ Ja, ja, ja, ja… ¡Atento!¡Entra un aviso!¡Rápido, pon la radio en 144.08 MHz!

0001

El sonido achatarrado de la emisora de banda de 2 metros era como el de uno de los primeros fonógrafos de Edison.
─  Atención, soy Nancy desde la central. Tenemos un 10-10V en curso: una patrulla ha visto pasar a la salida del túnel Holland un Lotus Esprit blanco a toda velocidad. Creemos que se trata de “El Cortador de Idaho” ─ en este momento ya nos empieza a circular la adrenalina por el cuerpo, mucho mejor así ─. Va en dirección al puente de la Bahía de Newark por la Interestatal 78. Ya sabéis: conducid con cuidado y volver enteros aquí. Repito, 10-10V en curso. Corto y cambio.
─ 10-4 Nancy, arrancamos y vamos para allá. Corto y cierro ─ y antes de terminar de decirlo Tony ya se ha colocado sus gafas de sol y ha puesto en marcha la sinfonía armoniosa de todos los caballos del 928. En solo unos segundos teníamos la salida del parking de la comisaría 6º Precinto (en la 223 Oeste con la 10ª) en nuestro retrovisor con el habitual humo producido por el derrape de los neumáticos que era nuestra “marca de la casa”.
─ No se puede escapar Ray, “el Cortador” ya son ocho las víctimas de sus afilados cuchillos. Hay quien dice que es muy cuidadoso eligiendo sus herramientas: utiliza material de Albacete o Toledo, en España. No podemos permitir ni una víctima más.
─ Claro Tony ─ le contesto mientras pongo el rotativo sobre el techo del coche ─. Para eso somos lo mejor de los mejores.

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Pocos minutos después, y tras atravesar con calma el siempre transitado túnel Holland, lanzamos el Porsche 928 por la interestatal a todo gas, alcanzando 320 km/h en un abrir y cerrar de ojos. A estas horas el tráfico no es grande, pero siempre hay que estar con mil ojos con los coches que permanecen (sin tener por qué) a la izquierda… ¡se creen los dueños de la carretera! Con el apoyo de un helicóptero averiguamos que nuestro objetivo no está demasiado lejos.
─ Agárrate fuerte ─ me dice Tony y lo hago porque sé bien lo que significa: va a lanzar un “nitro”. Antes de pestañear estamos volando a más de 400 km/h. Por suerte la ingeniería del 928 es una obra de arte, equilibrando el peso del motor delantero poniendo la parte principal de la transmisión y caja de cambios detrás tiene una estabilidad genial. Además su eje “Weissach” ayuda mucho a no perder el control, minimizando el derrape con ese pequeño efecto direccional en las ruedas traseras.

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Nos colocamos justo detrás del Lotus Esprit blanco que no tarda en darse cuenta de nuestra presencia e intentar evitar que podamos adelantarle y cerrarle el paso. Es el momento para usar nuestro “ariete”. Sin la estabilidad y peso de nuestro coche no sería posible lanzar estas acometidas. La primera destroza la matrícula del Lotus, que sale despedida y alcanza el parabrisas del coche que venía a continuación. Los siguientes dos o tres golpes revientan la luna trasera de “el Cortador” que trata entonces arrojar alguna de sus herramientas por el hueco para frenarnos.

A lo lejos vemos una zona con más tráfico y decidimos que tenemos que acabar con esta persecución ya. Con un “nitro” logramos dañar parte de la refrigeración del motor del Esprit, maniobra favorecida por la disposición central trasera de su motor. En el siguiente empuje extra el Lotus comienza a humear. No tardamos en ver un reguero de aceite y otros fluidos sobre el asfalto: es señal de que la misión está cerca de su final.

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El coche del sospechoso se para y le identificamos visualmente como “el Cortador”. Rendido a la evidencia de su destino entre rejas no forcejea mientras le ponemos las esposas aunque sí nos dedica varios improperios a los que dos tipos elegantes como nosotros no respondemos. Los incómodos y estrechos asientos traseros del 928 facilitan la labor de que el detenido no se mueva durante su traslado a comisaría.
─ Espera Tony… ¡otro aviso!
This is Nancy at Chase H.Q., we’ve got an emergency here!!!

Chase H.Q.

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